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Renovación de Pediatría
Hospital San Juan de Dios, Santa Ana

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"Después de mi familia, el hospital es mi vida." - Doctora de Viana, Directora de Pediatría

Meta: $200,000

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Impacto Esperado

  • Incremento de área física a través de un Edificio Nuevo que contará con todos los estándares sísmicos y eléctricos para un hospital. (Edifico Actual= 1,572 m², Edificio Actual + Edificio Nuevo= 2,195m²).
  • Crecimiento de número de cunas, camas y baños en dos de los servicios hospitalarios con las medidas adecuadas de separación y con sillas reclinables para madres.
  • Ampliación y techado de pasillo central.
  • Ampliación del pasillo de entrada y remodelación de área de jardín adjunto con mesas y sillas para descanso de personal y madres.
  • Creación de habitaciones y áreas de descanso para el personal médico.
  • Revitalización de la oficina de la Psicóloga Infantil y Ludoteca.
  • Mejoramiento de las oficinas de la Doctora de Viana, su asistente y el Jefe de Residentes.
  • Construcción de baños para personal médico y para padres de familia.
  • Inclusión de espacios útiles extras: 2 áreas de procedimientos, 2 sépticos y 1 área de apoyo.

Indicadores

  1. Reducir en un 50% el número de pacientes ingresados del Departamento de Emergencias al de Pediatría diariamente.
  2. Ampliar las horas de observación de los pacientes pediátricos en el Departamento de Emergencias, con el fin de evitar las hospitalizaciones innecesarias.
  3. Reducir en un 30% el ingreso de pacientes con causa primaria siendo riesgo social.
  4. Reducir el número promedio de días de estancia hospitalaria por paciente de 5 días a 2 día en la Unidad Pediátrica.

Planta Arquitectónica

Impacta la vida de muchos niños.

Columpiando de árboles frutales

Hospital San Juan de Dios | Santa Ana, El Salvador

El amor de atender, el deseo de servir

“Nosotros en nuestra casa teníamos dos árboles, uno de mango y uno de guayaba, un árbol bien grande. Mis papás nos habían hecho un columpio de madera. A mi hermano y a mi nos encantaba columpiarnos. Agarrábamos grandes velocidades y alturas.”

La Dra. Dinora de Viana, primera mujer directora del departamento de pediatría del Hospital San Juan de Dios en El Salvador, recuerda el momento en que decidió emprender una carrera médica.

Mientras habla, el estetoscopio en forma de corazón alrededor de su cuello - por el cual muchos de sus pacientes la recuerdan -  se destaca entre los juguetes y las paredes moradas y amarillas de su oficina.  


La Dra. de Viana, primer mujer directora del departamento de pediatría del Hospital San Juan de Dios, sonríe durante una conversación en su oficina.

“En una de esas,” continúa, “mi hermano se cayó del columpio. Estaba todo raspado de sus rodillas y me acuerdo que me lo lleve a la camita y lo cure. Ese día no me asuste de ver sangre y me dije, ‘quizás he nacido para ser médico’. Tenía 12 años cuando esto pasó.”

Doce años, casi la misma edad que tienen los pacientes mayores del pabellón de pediatría, aunque la mayoría son más jóvenes y vulnerables: niños, recién nacidos y bebés, con enfermedades que nadie en nuestra época debería de enfrentar.

Sentada en un silla plástica, Jesús parece cansada. A su lado, un niño de dos años descansa en una cuna. Ella parece de 65, podría ser su abuela, pero es su mamá y tiene 41. "El cabello de Héctor era oscuro como el de ella", dice la doctora, " perdió el pigmento, se volvió rubio y empezó a caérsele por la malnutrición."


Rubio por desnutrición, Héctor (2 años) con su madre, Jesús Leivas Trigueros (41 años), de Acajutla, en el espacio donde la Fundación Rafael Meza Ayau planea financiar un nuevo edificio para el ala de pediatría. Jesús dice que lo más difícil es estar en el hospital sola con su hijo, mientras que sus otras responsabilidades - y sus otros dos hijos - se descuidan.

Preocupada si lo está, pero sorprendida no. La Dra. de Viana ha visto muchos casos parecidos al de Héctor. Muchas mamás no tienen los recursos necesarios para cuidar a su familia. Varias son solteras o adolescentes sin apoyo familiar. No logran trabajar y cuidar a sus hijos al mismo tiempo. Así es el círculo vicioso de la pobreza.

Héctor estuvo severamente desnutrido; tuvo suerte que los doctores detectaran su malnutrición antes de que sus órganos le fallaran. Después de varias semanas en el hospital, y mucho tiempo sentada a la par de su hijo, Jesús se entera que Héctor está suficientemente sano para volver a casa.

Al hablar de su experiencia, las arrugas profundas de su rostro crecen aún más a medida que las lágrimas empiezan a fluir. "Es difícil estar aquí sola con mi hijo mientras que mis otros dos niños están en casa. Mi hija de 12 años está cuidando a mi hijo de 5. No hay padre. Tomaba y tomaba y me golpeaba; lo dejé. Ahora estoy sola. Tengo miedo que me van a quitar a mis hijos. No hay nadie más para cuidarlos si algo sucede.”

Estas dificultades aparecen en contraste con los colores brillantes, la calidez en la forma de ser de las enfermeras y con el ajetreo del ala de pediatría. Cuando un niño se enferma, la mamá tiene que gastar el poco dinero que suele tener para comprar la comida, la medicina y el transporte de su casa al hospital. Si falta al trabajo pierde su sueldo, quizás incluso su trabajo.


Estas dificultades aparecen en contraste con los colores brillantes, la calidez en la forma de ser de las enfermeras y con el ajetreo del ala de pediatría.

“Por lo menos, aquí tenemos algunas camas,” dice la doctora, para que un cierto número de mamás que logran acomodar no tengan que pagar alojamiento. La Fundación Rafael Meza Ayau, que apoya al hospital desde sus inicios en 1928, construyó un albergue con camas y duchas para las mamás de los bebés prematuros y de los niños desnutridos, tengan un lugar adónde dormir y bañarse durante sus estadías.


María Cristina López (31 años) ha estado en el hospital desde principios de febrero, mientras que su hijo, Jonatán Alexander (4 meses), es tratado por desnutrición. Lo más difícil, dice, es que no hay nadie que lleve a sus otros niños, que tienen 14 y 6 años, a la escuela. Se sintió incómoda el primer día en el hospital, pero las enfermeras la hicieron sentir como en casa. Ha hecho amistades con las madres de otros pacientes.

Por falta de espacio, Karen Hernández (22 años) y su hijo, Santiago Alejandro Serrano Hernández (1 mes) tuvieron que esperar 7 horas para trasladarse de la sala de emergencias al departamento de pediatría. La Fundación espera resolver este problema a travez de la renovación del departamento de pediatría.

Pero con la cantidad de pacientes, a veces más de cien, no hay suficientes camas para todas las mamás, por lo que la mayoría duerme en sillas de plástico, apretadas entre las cunas. El hospital desearía que un nuevo edificio solucionara este problema.

"Somos un hospital pobre,” comparte la doctora. “Tenemos deficiencia como cualquiera. Nos faltan espacio, personal y equipo.” Afortunadamente, el hospital tiene un aliado: La Fundación Rafael Meza Ayau que financiará una renovación para resolver los problemas más urgentes del departamento de pediatría con el fin de salvar más vidas y mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

“Yo quisiera que cuando me retire de aquí, imaginarme la pediatría con muchos pisos en donde este pediatría general, cardiología, neurología, todas las especialidades tenerlas aquí para que las mamás no tengan que ir tan lejos sino que tener todo accesible, y que eso mejore la salud de los niños de esta zona. Esas son mis grandes ilusiones y pasiones.”


La Dra. de Viana revisa una radiografía con los médicos residentes.

Sin embargo, el camino por delante contará con dificultades. Con un millón de niños en la Zona Occidente del país, es un reto cuidar de todos. “Nuestro deber es siempre estar actualizados en temas médicos para poder ofrecerles la mejor competencia técnica,” explica la doctora.

Por esta razón, ella permanece siempre positiva y sonriente. Mantiene una dieta saludable, hace ejercicio, y reza cada mañana para recibir la fortaleza que le exige su trabajo. Para los doctores, enfermeras y estudiantes del hospital, quienes enfrentan largas horas de trabajo, la doctora es un ejemplo a seguir. Rosario España lleva 36 años trabajando como enfermera en el hospital. A veces, trabaja hasta dos días seguidos. Jimmy Posada, un estudiante de medicina que ama el contacto directo con los pacientes, lucha contra el cansancio después de un turno de 34 horas.


Enfermeras, médicos y estudiantes se reúnen para discutir de los tratamientos de sus pacientes en el Pabellón de Pediatría de San Juan de Dios en Santa Ana, El Salvador.

Con tantos pacientes en necesidad de atención, el personal médico no es suficiente. Y por tener las cunas tan cercas puede que la enfermedad de un niño se le pase a otro. "Imagínese viene por una diarrea y le da una neumonía,” dice la doctora. “Tiene que quedarse más tiempo por el otro problema que adquirió.” Si se aborda el tema de hacinamiento en el ala de pediatría, los pacientes se recuperarán más rápido.

La Fundación Rafael Meza Ayau está recaudando fondos para renovar el departamento de pediatría con el fin de agrandar el espacio hospitalario, crecer el personal y mejorar el equipo médico, “para mejorar la atención en salud que damos. Ese es nuestro reto y nosotros estamos complacidos de hacerlo,” comparte la doctora.  

Hay pocas dudas. La Dra. de Viana y su personal han dedicado sus vidas enteras a los niños y a las mamás del departamento de pediatría del Hospital San Juan de Dios. Es como si fueran todos hermanos y hermanas, tomando grandes velocidades y alturas sobre un columpio de madera que cuelga de dos grandes árboles, y la doctora se mantiene lista para atraparlos por si se caen.


Rosario España (56 años) lleva 36 años trabajando en el Hospital San Juan de Dios. Le gusta la pediatría debido a la atención directa que le puede prestar a los pacientes durante sus turnos. “Le quiero dar mi corazón a todo el mundo.”

La Dra. de Viana habla con el personal médico durante su visita a los pacientes del ala de pediatría.
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De camino al departamento de pediatría del Hospital San Juan de Dios.
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Un paciente del ala de pediatría se divierte con su mamá.
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